Hay algo que me gusta de los videojuegos que intentan hacer las cosas de manera diferente. No necesariamente tienen que inventar un género nuevo ni revolucionar la industria, pero sí ofrecer una razón para prestarles atención en un mercado donde cada vez es más difícil encontrar propuestas que realmente destaquen.
Y Valor Mortis tiene una de esas ideas que, al menos sobre el papel, llaman bastante la atención: tomar la fórmula de los soulslike, colocar la cámara en primera persona y trasladarnos a una Europa napoleónica donde la guerra ha dejado de ser el peor de nuestros problemas.
La propuesta tiene personalidad. El problema es que, por muy interesante que sea una idea, su ejecución termina siendo mucho más importante que la manera en que se presenta.
Una perspectiva diferente para un género conocido
Lo primero que hay que reconocerle a Valor Mortis es que no intenta destacar únicamente por su ambientación. Su combate en primera persona modifica la manera en que nos enfrentamos a los enemigos y nos obliga a prestar especial atención a los movimientos que tenemos delante.
Aquí no basta con atacar sin pensar. Tenemos que dominar las esquivas, encontrar el momento adecuado para bloquear y aprovechar las oportunidades para contraatacar. El sable es nuestro principal compañero, pero también contamos con armas de fuego y habilidades sobrenaturales que añaden otras posibilidades a los enfrentamientos.
Y es precisamente esa combinación la que le da personalidad al juego.
La idea de combatir con una espada mientras utilizamos poderes desde nuestra propia perspectiva resulta bastante chida. Hay algo interesante en mezclar la precisión que exige un soulslike con herramientas que recuerdan a los poderes de BioShock. En lugar de limitarse a trasladar las mecánicas habituales a una cámara diferente, Valor Mortis intenta construir su propia identidad alrededor de ellas.
Sin embargo, una buena idea necesita funcionar de manera consistente para convertirse en una buena experiencia.
En un juego donde el tiempo de reacción resulta tan importante, los errores técnicos y los comportamientos impredecibles de los enemigos pueden convertirse en un problema considerable. Lo que debería sentirse como un enfrentamiento que exige aprender y mejorar puede terminar generando frustración cuando las mecánicas no responden como esperamos.
Y creo que esa es una de las diferencias más importantes entre un juego difícil y uno que simplemente consigue desesperarnos.
Aunque no digo que lo pase muy bien. solo diría que es un ligero problema, porque incluso cuando reinicie mi partida para tomar capturas por estos movimientos, los enemigos costaron problemas, cuando en mi cuenta secundaria ya había terminado la experiencia.
Una Europa que merece ser explorada
Si hay un apartado donde Valor Mortis consigue llamar la atención, es en su ambientación.
La historia nos presenta una versión alternativa de la Europa napoleónica, devastada por una plaga que ha convertido los campos de batalla en lugares poblados por criaturas monstruosas. Nuestro protagonista, William, despierta entre los cadáveres y debe descubrir qué ha ocurrido mientras intenta sobrevivir en un mundo que parece haber perdido cualquier rastro de humanidad.
Me gusta la elección de este escenario porque permite alejarse de la fantasía medieval que domina buena parte del género. En lugar de castillos, caballeros y criaturas sacadas de una mitología tradicional, tenemos soldados, armamento de época y paisajes marcados por una guerra que ha terminado convirtiéndose en algo mucho peor.
La combinación de historia alternativa y terror tiene potencial, especialmente porque la ambientación no depende únicamente de contarnos que el mundo está destruido. La arquitectura, los escenarios y el diseño de las criaturas contribuyen a construir esa sensación de decadencia.
Además, hay una coherencia visual que ayuda a distinguirlo de otros juegos similares. No estamos ante un conjunto de monstruos colocados al azar en un escenario oscuro, sino ante una versión deformada de un periodo histórico reconocible.
Es una de esas decisiones que pueden despertar nuestra curiosidad incluso antes de conocer todos los detalles de la historia.
La dificultad no debería ser el enemigo
En Valor Mortis, los enfrentamientos contra determinados jefes pueden convertirse en auténticos muros de dificultad. Esto se vuelve más evidente cuando la progresión del personaje no parece avanzar al mismo ritmo que los desafíos que encontramos.
Y aquí es donde considero que el equilibrio importa tanto como el diseño de los propios enemigos.
Un jefe puede ser complicado, tener varias fases y castigarnos por cometer errores. Pero también necesita ofrecernos oportunidades razonables para aprender de nuestros fracasos. Si cada intento depende demasiado de que todo salga perfecto, el combate corre el riesgo de convertirse en una prueba de paciencia más que en una demostración de habilidad.
Una propuesta que todavía tiene margen para mejorar
Lo curioso de Valor Mortis es que sus principales virtudes son también las que hacen más evidentes sus defectos.
Su perspectiva en primera persona le permite diferenciarse de otros soulslike, pero también exige una precisión que los problemas técnicos pueden perjudicar. Su ambientación tiene una identidad visual atractiva, pero la historia no siempre parece estar a la altura de ese mundo. Y su intención de combinar combate, poderes y plataformas amplía sus posibilidades, aunque no todas las mecánicas alcanzan el mismo nivel de calidad.
Conclusión
Creo que Valor Mortis es una de esas propuestas que vale la pena reconocer, no porque sea perfecto, sino porque se atreve a hacer algo diferente en un género donde cada vez es más complicado sorprendernos.
Su combate en primera persona, la combinación de armas y poderes sobrenaturales, y una ambientación inspirada en las guerras napoleónicas le dan una identidad propia que lo distingue de otros soulslike. Es una propuesta que demuestra que todavía existen maneras de experimentar con fórmulas conocidas y llevarlas a terrenos que no hemos explorado tantas veces.
Por supuesto, tiene aspectos que podrían estar mejor trabajados, especialmente en el equilibrio de sus combates y algunos detalles técnicos. Sin embargo, considero que sus virtudes merecen más atención que sus tropiezos. Hay una idea interesante detrás de Valor Mortis, un mundo que invita a descubrir sus secretos y una intención clara de ofrecer algo diferente.
Al final, no todos los videojuegos necesitan revolucionar la industria para dejar huella. A veces basta con tener personalidad, atreverse a experimentar y demostrar que un género todavía puede sorprendernos cuando alguien decide tomar un camino distinto.
Y creo que ahí está el mayor mérito de Valor Mortis: recordarnos que, incluso dentro de fórmulas que creíamos conocer, todavía hay espacio para nuevas ideas.





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